En esta época de pantallas e híper conectividad, el silencio podría ser uno de los comportamientos que facilitaran la verdadera conexión. Es más discreto, más humilde, más introspectivo, menos narcisista y menos victimista que la palabra hablada. Abraza lo que cada uno es en realidad. En su sobriedad hay más verdad y menos neurosis que en el diálogo. Normalmente.