El silencio en terapia

E

xcepto dentro de los templos religiosos y las bibliotecas, el silencio es casi un imposible para los que viven en las ciudades. Ya se mencionaba la contaminación acústica a finales del siglo XIX e incluso en la Antigua Roma se prohibió el tránsito de carruajes ruidosos por la noche.

En esta época de pantallas e híper conectividad, el silencio podría ser uno de los comportamientos que facilitaran la verdadera conexión. Es más discreto, más humilde, más introspectivo, menos narcisista y menos victimista que la palabra hablada. Abraza lo que cada uno es en realidad. En su sobriedad hay más verdad y menos neurosis que en el diálogo. Normalmente.

El que fuera presidente de Estados Unidos, Abraham Lincoln, dijo: “Es mejor permanecer callado y que te tomen por tonto, que hablar y despejar toda duda”.

P

ero, ¿cómo sería esto en terapia? ¿Qué papel tienen los silencios dentro de un método que supuestamente se articula a través del habla? ¿Podría ser el silencio un oasis en el desierto de las palabras?

De las muchas escenas memorables que tiene la película “El indomable Will Hunting” hay una en la que el personaje de Matt Damon alarga y alarga un silencio cuando se sienta en el despacho de Robin Williams. El terapeuta, mientras tanto, se frota las manos, silba e incluso echa una cabezadita hasta que el paciente empieza a hablar: “Verá, una vez cogí un avión…”.

El silencio en terapia
S

i en la terapia humanista un tercio de la sanación del paciente dependiera de su propia expresión acompañada de una escucha atenta, otro tercio proviniese de la relación entre el paciente y el terapeuta y el último tercio se originara en la guía-técnicas que usara este último, ¿qué labor ocuparía el silencio en este entramado?

Básicamente existen dos tipos de terapeutas: los que aconsejan (guías) y los que preguntan (podríamos llamarlos curiosos). En ambos casos, el silencio es un recurso poderoso, ya que no permite esconderse: puede que el paciente busque el sostén del terapeuta y este no se lo dé para promover el autoapoyo; es posible que el profesional lo use para subrayar la cháchara insustancial del cliente; a veces el terapeuta no dice nada porque simplemente no sabe qué decir. Puede también que el silencio sea un reto del paciente hacia el que lo acompaña, como hacía Will Hunting.

En contadas ocasiones se produce un pequeño milagro y el silencio provoca un momento ¿místico? en el que el paciente se da cuenta de algo importante. Estos instantes únicos sirven también para subrayar una profesión en la que una persona puede conocer la intimidad y la esencia de otra.